23 cosas que echarás de menos cuando salgas de España

By 14 enero, 2015Mi vida, Opinión, Viajes
Cosas que echarás de menos fuera de España: dieta mediterránea

Últimamente en mi familia se habla mucho de viajar. Sobre todo porque mi ínclito hermano tiene la firme de idea de marcharse lejos para sentirse realizado. Su destino probablemente sea Filipinas. Podéis leer sus andaduras en su blog yoaquinomequedo.blogspot.com

Pero pensando sobre ello creo que está bien que haga memoria de mis viajes fuera de España para compartiros lo que eché mucho de menos cuando salí. Concretamente estuve en largas estancias en Estados Unidos y Bélgica, y de algunos días en Polonia, Italia, Francia y Holanda. Pero me centraré en las dos experiencias en las que permanecí varios meses y donde pude realmente ser consciente de las diferencias con nuestro país.

23 cosas que echarás de menos fuera de España:

1. El Sol: Si bueno, era evidente, pero no por ello había que obviarlo. El Sol a mi particularmente tampoco me importa mucho, no soporto el calor, ni el verano, ni las playas… pero el sol influye en el comportamiento de la sociedad y se nota mucho. En España configuramos nuestra personalidad en torno al sol, en sus largos días luminosos y su prolongada presencia. Iros al norte. A Bélgica, a Polonia… o a Noruega. Son países fríos, tristes, con números altísimos de suicidio. Y sí, el Sol les influye mucho en ello.

2. Los Horarios: Al menos te sorprenderá. Yo particularmente tampoco lo echaba mucho de menos. Eso de comer a las 12-13 y cenar a la 18-19 me parece que está bien. No tienen apenas tiempo para comer y no suelen tener jornada partida, pero a las 17 o 18 sale todo el mundo de trabajar y tienen la tarde libre. Trabajan menos pero trabajan mejor. Y no os penséis que madrugan mucho, también es como aquí, de hecho la mayoría de establecimientos no abre hasta las 10. ¿Por qué comer a las 15 y echarnos siesta para volver al trabajo a las 17? ¿Y por qué cenar a las 22 y tener unos prime time tan retrasados que nos acostamos a la 01? Me gusta el horario americano. A las 19 se cena, como tarde a las 20. Y el prime time termina como mucho a las 23. Y sí, duermen las 8 horas tranquilamente ¿cuando un español medio llega a dormir las 8 horas de seguido?

3. Las Persianas: ¿Cómo puede ser que apenas veamos persianas fuera de España? Yo lo pasaba fatal. Yo soy de los de tener la persiana bajada del todo para poder dormir en la más absoluta oscuridad, ya que el más leve rayo de luz me desvela. Y sin embargo ¿qué me encuentro fuera? ¡Una cortina! Puede ser todo lo gruesa que quieras, pero sigue entrando luz, demasiada luz. Entiendo que la incidencia de la luz del sol en esos países es menor y que en el horario de sueño habitual hay oscuridad, pero… ¿y si quiero echarme la siesta? ¿y si quiero levantarme un sábado a las 12? Para ellos eso es impensable.

4. Almohadas: Hablando de noches y de dormir… otra cosa que me incomoda mucho cuando salgo de España es que no encuentro almohadas. Nuestras alargadas y cómodas amigas las almohadas parecen ser desconocidas fuera de nuestras fronteras. En su lugar grandes y molestos cojines cuadrados asumen sus funciones. No es lo mismo, para nada.

5. Transporte Público: Me voy al caso concreto de Estados Unidos, porque ahí vivía en la periferia. En Bruselas por supuesto con esto no tenía ningún problema, pero en Kentucky me encontré que no solo donde vivía (Prestonsburg) no había autobuses, metro o taxis… es que no había en todo el condado ni a varios cientos de kilómetros a la redonda un maldito aeropuerto ni estación de tren. Son lugares completamente aislados a los que solo puedes llegar en coche y moverte en coche a cualquier sitio. Suelen ser pueblos construidos a lo largo de la carretera. McDonalds y KFC no les faltan, pero para moverte a cualquier lado has de tener que coger el coche. Y no es cosa particular de donde yo vivía, en todo el Estado de Kentucky apenas las 3 grandes ciudades Louisville, Lexington y Frankfort tienen algo que podríamos llamar transporte público. ¿Pero red de tren? Nada, en eso Europa es una maravilla. Hay pocas lineas de tren, que no dan cobertura a todo el país, y solo entre las grandes ciudades puedes moverte en avión. El resto coche, coche y coche.

6. Aceras/Arcenes: Cuando llegué a Kentucky aún no sabía conducir. Me dejaron una bici, pero nunca la llegué a usar. En esa ciudad no existían las aceras, solo en algunos tramos. Pero es que tampoco había apenas arcén. Si quería coger la bici tenía que plantarme en medio de carreteras de 2 carriles por sentido y circular como otro vehículo más sin poder echarme a un lado. Peligroso. No me atreví.

7. Vida en la calle: Estamos muy acostumbrados en España a los parques, al botellón, a las terrazas, a jugar a la petanca… pero cuando sales te das cuenta que en el resto de países la calle la pisan muy poquito. Sí, hay parques a los que la gente va de propio en coches. Pero más allá de los espacios de ocio, paseando casualmente por la calle no encontrarás apenas actividad. La gente es un tanto retraída y aunque amable y generosa, necesitarán una excusa para salir. Si hay un mercadillo benéfico saldrán. Irán en coches y se juntarán todos. Si montan una carpa médica que gratuitamente te hace análisis, saldrán. Irán en coches y se llenará ese sitio. Pero ya me entendéis, no es lo mismo.

8. Bares: Ni siquiera en Bélgica encontrabas fácilmente bares como en España. Como mucho cafeterías o cervecerías, pero no los bares de barrio de toda la vida. En Estados Unidos, mucho menos. Donde estaba viviendo yo en Kentucky, cuando preguntaba por bares, me mandaban a un Starbucks. Eso es lo más parecido que tienen ellos allí. Yo buscaba algo cochambroso, con su Marca, con su partido Alcoyano-Ponferradina en la tele, con sus tapitas y sus olivitas… pero no, nada.

9. Zonas de marcha: En Bélgica sí encontrabas discotecas y bares como aquí, incluso me sorprendía ver que estaban abiertos durante toda la noche. Lo que era un poco distinto el ambiente… ahí los hombres bailan… bailan demasiado y perrean demasiado. Pero en plenos montes apalaches del este de Kentucky ¿qué zonas de marcha podías encontrar? Pues seré claro, ni una. Ni un bar, ni una discoteca, nada de nada. No había nada abierto por la noche más allá de algunos McDonalds y gasolineras. Allá las fiestas se organizan en privado, en casas, y si no tienes amigos, se siente.

10. La Fregona: ¿Podemos entender que todavía haya gente que se agache a limpiar el suelo con un trapo? Pues yo lo he visto. A veces le ponen un palo y lo arrastran, pero tampoco es una fregona. Otras veces se lo ponen en los pies y caminan ¿qué leches es eso? XD ¡Una fregona, por el amor de Dios! Si está inventado… Pues no, no encontrarás fácilmente fregonas, ni siquiera en Bélgica.

11. La Lavadora: Parece ser que en España tenemos complejo de rico, porque las lavadoras en casas es algo muy raro de ver fuera de nuestras fronteras. En Bélgica varios edificios tienen en el sótano lavadoras y secadoras de uso compartido. Pero en general lo más extendido son los establecimientos de autolavado donde tu vas con tus calzoncillos manchaos y las braguitas de tu novia y delante de todo el mundo lo echas a lavar. Después esperas durante 10 incómodos minutos mientras ves a una mamá negra amamantar a su hijo de 4 años y a un rapero blanco cantando las canciones que está escuchando en su mp3, y listo. Bueno, listo no. Es entonces cuando tienes que ir a la secadora y repetir otros 10 incómodos minutos de espera. Y no, la plancha tampoco se usa mucho allí. Yo me hago la pregunta ¿quién en España tiene secadora? Con lo fácil que es ponerlo a tender en nuestro balcón. Pero cuando piensas en el frío, las lluvias y las nieves de esos países, te das cuenta de que efectivamente tener una secadora es un gran invento.

12. El Euro: ¿No es una maravilla tener una moneda única en casi toda Europa para poder viajar sin hacer cambios de divisas y sin pensar en las diferencias económicas? Esto en la zona Euro no se echa de menos, pero sí se echa mucho de menos cuando sales fuera. Cambiar divisas es un engorro, tenemos que valorar este privilegio.

13. El Castellano: A mí me encanta aprender idiomas y chapurrearlos. Pero sin ser nada purista ni patriota, cuando salgo fuera y veo algo escrito en castellano, escucho a gente hablándolo o suena una canción… pues me produce cierta ilusión. Por eso cada vez que en suelo estadounidense me encontraba con un hispano, daba gracias por poder desestresarme y poder hablar en una lengua que entiendo perfectamente.

14. Diversidad gastronómica: Voy a destacar algunas cosas concretas que me parecen muy reseñables en estas diferencias interculturales. Pero primero hablaré de la sorprendentemente escasa variedad de alimentos que encuentras fuera de España. Mucha comida basura, mucha carne, mucho dulce… y poco más. Vale, aquí ultimamente tiramos también bastante a eso, pero sigo viendo mucha más diversidad alimenticia en nuestras dietas que fuera de España. ¿Polonia? Todo sopas, caldos, carne hervida, y poco más. Por poner un ejemplo.

15. Carnes: En Estados Unidos eché de menos comer carne, solo carne. Le ponen salsa a todo, te desmenuzan la carne y le echan ketchup, barbacoa, mostaza… una vez se sorprendieron en un restaurante porque pedí la carne sola, sin salsa. Y estaba muy buena, porque en América tienen buena carne. Pero no se por qué, tienen la manía de ensalsar todo.

16. Conejo: ¡¡ABERRACIÓN!! Resulta que fuera de España y en algunos países latinos, el conejo es como el gato, un animal de compañía, y comerlo parece una abominación. ¿Yo no se qué se piensan que lleva la paella que comen cuando vienen aquí?

17. Jamón: Haberlo, haylo. Si, que yo lo he visto en el WallMart. Pero es un jamón que se parece más a jamón de york que a jamón serrano, está humedo y no tienen sabor. Como el jamoncito ibérico español, no hay nada.

18. Verdura: Si, bueno, tal vez esté siendo un poco hipócrita, porque yo de lo que come el grillo, poquillo. Pero sí que me sorprendía mucho entrar en el supermercado y ver estanterías y estanterías de comida y no encontrar verdura. Bueno sí, en un pequeño apartado en una de las góndolas del fondo, vendían verduras. Todo en lata o precocinado, y sobre todo eran guisantes y judías. El resto ni lo conocen ni está en sus dietas. Para ellos una ensalada es verdura.

19. El Cola-Cao: Si, de acuerdo, toman leche con cereales… pero literalmente ¡leche con cereales! ¿Dónde está el colacao? ¿dónde los grumitos de sabor achocolatado? Cuando en USA pregunté por chocolate en la leche, me miraron muy extrañados. Al final descubrí que sí tenían. No Cola-Cao, claro, pero tenían Nesquick (que me sigue sin convencer). Pero por lo que vi, es un producto muy extraño, para ellos la leche se toma sola…

20. La Leche: Me vuelvo al caso exclusivo de Estados Unidos, como en casi todas las referencias culinarias. Ahí la leche que encuentras habitualmente es poco más que agua. Las aguan muchísimo y no las venden en tetra-bricks sino en garrafas. En el stand de leche no busca por desnatada, semi o entera, buscas por porcentaje de leche… y lo que más les gusta es que tenga poca leche.

21. El Pan: Una de las cosas que más eché de menos de España durante mi periplo estadounidense fue, sin duda, el pan. El pan normal, el durete, ya sea baguette o chapata. Ese pan allá lo llaman pan francés y nunca llegué a encontrar uno que se pareciera. Hacían alguno con esa forma pero no era pan. El pan allá es bollicao. Es blando y a menudo dulce. Es un bollito más, y no lo sueles ver en las comidas. Una locura.

22. Aceite de Oliva: 20 dólares me costó comprar una botella de aceite de oliva de 75cl. Pero merecía la pena, porque las alternativas que usan son asquerosas. Aceites vegetales, de girasol o de vete a saber tú qué. Usé al principio alguno de esos aceites para cocinar alguna cosa y sabían los alimentos fatal, tenía casi un toque tóxico. Luego probé la manteca, y bueno, es mejor solución. Pero como el aceite de oliva español, no hay nada igual.

23. Las Tapas: ¿Quién no echaría de menos las tapas? Pequeños bocados de cielo al alcance de tu mano. No hace falta decir nada más, un país sin tapas y sin tapeo, no merece la pena.

Leave a Reply