Campamento 2016

By 17 Agosto, 2016Mi vida, Yo
Campamento Verbum Dei Siete Aguas 2016

Campamento Verbum Dei – Siete Aguas 2016

Un año más. El tercero consecutivo después de volver a aparecer en los campamentos por los que ya pululaba como niño y como monitor hace más de una década.

Hay pocos momentos que han marcado más mi vida que estos campamentos. Marcaron mi adolescencia y mi juventud, y tras años de ausencia, ahora la fecha de los campamentos está marcada en rojo en el calendario porque es la semana que estoy esperando durante el resto del año.

Son unos días de mucho cansancio, donde terminas agotado. Son días de dormir fuera de casa y estar las 24 horas del día trabajando. Supone levantarse pronto y acostarse muy muy tarde, porque después de acostar a los niños y a las niñas, es cuando los monitores tenemos que juntarnos a preparar el día siguiente. Se duerme poco, se pasa calor y a la vez por las noches frío, se cansa uno, hay que estar pendiente de muchas cosas, acercarte a jugar con los niños, quererles y ser amables con ellos, proponerles juegos y actividades, ayudarles en lo que necesiten, escuchar sus lloros y sus quejas, mancharte con ellos… Pero ¡qué maravilla de días!

Sentirte niño de nuevo. Jugar, reir, cantar, bailar… soñar con ellos. Te dan la alegría. Una sonrisa, un abrazo, una cara de satisfacción… al terminar el campamento la felicidad que los monitores llegamos a sentir es inmensa, por muy cansados que estemos. Sabemos que para muchos de esos niños, esta también es la mejor semana del verano. Esa es nuestra gran recompensa, lo que nos hace felices.

Y qué decir de los compañeros. Jóvenes (mucho más jóvenes que yo) llenos de ilusión, de compromiso, con la responsabilidad de mantener año tras año este campamento para que a estos nuevos niños que vienen les marque tanto como nos marcó a nosotros. Ese es el espíritu que logramos año tras año con un maravilloso equipo de monitores y monitoras que se entregan y sacrifican días de verano para estar ahí.

Gracias por tanto a los niños que han acudido este año, y sobre todo a los que repiten. Gracias por vuestras sonrisas… y por esos llantos que al final conseguimos convertir en alegría. Gracias a los papás y mamás que nos confían el cuidado de sus hijos. Gracias a los coordinadores que me han invitado a aportar mi granito de arena y que han hecho una labor maravillosa, y gracias al resto de compañeros por su trabajo y por su amistad. Gracias a Jesús Martínez García que durante diez años supo tomar el testigo de estos campamentos para hacer de ellos unos días memorables para las nuevas generaciones que estaban por venir. Y gracias al Verbum Dei por permitirme crecer, por transformarme y porque en mi vida no hubo mejor regalo que conocer a esta fraternidad.

Ojalá todo la vida fuera un campamento.

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